Llevo todo un verano sin escribir nada, no porque no quiera sino porque faltaba inspiración. Escribir no es fácil, adecuar las palabras al contenido que tu mente quiere o intenta desarrollar es algo tan complejo que ha costado millones de años que consigamos decir una palabra. No es sólo ponerte delante del ordenador y a escribir como un loco. Habrá gente que lo haga, yo por lo menos no.
He tenido en mente muchos temas de los que me gustaría escribir, pero ninguno me llenaba. Para escribir bien debes estar completamente convencido. Hoy toca hablar de mí, de lo que siento ahora mismo, sobretodo de lo que me espera dentro de unos años. Ahora que he pasado el ecuador de mi carrera, me doy cuenta cada vez más de que a pesar de tener un futuro incierto, de no saber donde acabaré o estaré, es lo que he elegido ser. Cada día que pasa delante mía me muestran cosas que ojalá todo el mundo comprendiera. Dicen que el lenguaje de la naturaleza son las matemáticas, mientras que el lenguaje del Universo (sí, en mayúscula) es la física. He visto centenares de películas sobre científicos canosos e ilustres que hacen una revelación mundial y cambian el mundo de la noche a la mañana. La realidad es otra completamente diferente. No existen científicos ilustres e iluminados. Einstein dedujo una teoría apoyado por matemáticos y otros científicos, de la noche a la mañana no se construye un genio. Necesitamos escalar peldaño a peldaño todos juntos. No puedo pretender ir a Marte si los biólogos no me enseñan como cultivar o si los ingenieros no me dicen como construir una nave que soporte el viaje.
Básicamente lo que pretendo decir es que cuando acabe la carrera seré uno más y que no por ello estaré en el mejor sitio trabajando a pesar de lo duro que ha sido el camino. Hace dos años cuando entré pensaba que lo sabía todo y lo cierto es que no sabía nada. Hoy se un poco más, pero sigo siendo un ignorante. Dentro de un par de años diré lo mismo que digo hoy. Es probable que elija el camino de la astrofísica y la cosmología. La verdad me encantaría trabajar en la NASA o en la ESA, construir o diseñar cosas que van a abandonar nuestro planeta, o incluso quien sabe subir hasta la ingravidez. La Tierra se nos ha quedado pequeña para seguir consumiendo como lo hacemos hasta ahora. El futuro está ahí fuera, en ese gran mar negro que llamamos espacio.
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