Hoy quiero dedicar un poco de mi tiempo a una persona que para mi es fundamental en mi vida, que es mi madre. Y, ¿porqué lo hago? Porque se lo merece. Hoy no ha sido el mejor día de mi vida y la verdad puede ser porque me exijo demasiado. Lo reconozco, soy muy exigente conmigo mismo y cuando las cosas no salen bien, me cabreo. A la vez del cabreo, un sentimiento de decepción me acompaña. En definitiva, hoy no era el mejor día ni para hablarme ni para intentar despejar mi cabeza.
Pero, sin embargo, a doscientos kilómetros siempre tendrás a alguien contigo. Sólo una llamada de apenas seis minutos para hacer ver que nada es lo que parece y que vales más que eso. Para hacer desvanecerse cada sentimiento negativo que inundaba cada rincón de tu ser. No ha sobrado, ni faltado una sola coma ni espacio. Todo medido. Porque como una madre expresa lo que siente a su hijo, en eso, son únicas. Y como esta historia, os podría contar miles. Puede que mi vida no sea la más idónea como ejemplo de familia "normal", ni que yo sea el ejemplo de hijo "perfecto". Pero a pesar de ello, mi familia siempre está conmigo, aunque nos separen kilómetros de montañas y ríos. Eso es algo que sólo una madre sabe hacer por su hijo y su familia. Gracias mamá.